Sunday, March 04, 2007

El coleccionista de palabras

Dedicado a M.L., que me ha empujado a escribir eso...y al simulacro de mí...que quizás, algún día, quizás, pueda entender.

“....y me dice: yo soy buena persona, ¿verdad?... ¿Verdad? No soy mala persona...y yo le digo: lo sé que sos buena persona, pero te has portado mal...”
“... ¿y tú?...para decir a él que es buena persona, tú también deberías ser bueno...”
“Yo soy buena persona...aunque no sé cómo he sido contigo....”
“................ya...”
“ ¿Y vos? ¿Sos buena o mala?”
“Mala.”

Había pasado casi todo el tiempo de su vida encerrado. A la luz de una lámpara, débil, a la luz de velas, si hacía falta. El polvo de las bibliotecas ya le había lacerado los pulmones. Ya conocía de memoria la forma de cada mancha de lluvia de los cristales de su estudio. El mismo cuarto olía a silencio, a polvo, a muertos.
Entre diccionarios, se perdía las horas de sueño. Delgado, hasta los huesos, no veía nada más que su ilusión, ya vieja.
Traducía, traducía, traducía, buscaba, volvía atrás, y volvía a buscar entre las líneas. El entusiasmo de su juventud ya se había transformado en obsesión.
Sin embargo, un día se permitió un instante de reflexión sobre el mundo, sobre sí mismo, un sólo instante...se asomó a su ventana, y se puso a mirar a la gente que paseaba por la callecita cargada de tiendas. Su mente odiaba este paseo, su corazón de viejo no entendía al género humano. Odiaba todo. Una pareja caminaba, abrazada, y charlaba, riéndose...un niño corría con un globo, y las mujeres pajareaban por los escaparates. Maldita banalidad.
Se detuvo su mirada: un hombre, con un saco en la espalda, una larga barba blanca, vestido muy mal, con vieja ropa consumida por los miles de kilómetros recorridos, estaba parado en medio de la acera. Fijaba el único escaparate vacío de una tienda cerrada por reformas. Estaba así, sin hacer nada, paseando de un escaparate a otro, y metendo sus ojos propio en el punto medio del cristal, observando interesado. Luego volvía a caminar hacia atrás, y a observar el escaparate anterior.
¡Allí, sí! ¡Allí, sí! ¡Justamente! Entendió. Este loco le había mostrado el sentido de todo...cogió sus gafas, y salió corriendo de su estudio, olvidándose la luz encendida. Se tiró en medio de la calle.

“Disculpe...una palabra.”
“ ¿Cómo dice?”
“ ¿Me da una palabra?”
“ ¿..qu...é?”
“Una palabra...dígame una palabra, por favor...”
“ ¿Está Usted loco???”
“No, sólo le he pedido una palabra, no una frase entera...”

“Disculpe... ¿Me daría una palabra?”
“ ¿Qué quiere?”
“Una palabra...quiero una palabra...la primera que se lo ocurre a la mente...”
“ ¿En qué sentido?...una palabra cualquiera?”
“Sí. Una palabra que quiera decirme.”
“Yo creo que Usted está mal.”
“No. ¿Entonces esta palabra?”

“Por favor...disculpe... ¿me regala una palabra?”
“ ¿Una palabra? ¿sobre qué?”
“Sobre nada...la primera palabra que le viene a la mente...”
“Pero, ¿tiene que ver con algo?”
“No necesariamente...Usted es dueño de sus palabras, no yo...yo acepto lo que quiera.”
“Pero no tiene sentido...”
“Sí lo tiene.”
“ ¿y cuál sería?”
“Sin palabra no puedo decirselo.”
“Adios.”

“Disculpe... ¿me daría una palabra?”
“Vida.”
“Mmm...”
“ ¿Qué va a hacer con ella?”
“Nada...la apunto...la pongo en un catálogo...la verdad es que no tengo muchas más, al momento...sólo poca gente me regala sus palabras...”
“ ¿Y dónde la apunta?”
“Aquí, en esta libreta....ahora mismo tengo 1425 palabras...Sabe, yo soy un coleccionista de palabras...”
“ ¿y quién no lo es?”
“Es verdad...sin embargo, hay diferencias...
yo colecciono las palabras porque son cosas preciosas...pero la gente no lo sabe....las gasta como si fueran nada, o como si fueran todo...la verdad es que no sabe el valor que tienen...las estropean, las venden, las compran, las roban...pero nadie les hace caso...son aire, son mentiras, son promesas...y se pierden trás de ellas...así que yo las colecciono...las recojo, las apunto, las leo, para que no sea pierdan...veo a través de ellas los mundos de las personas...por eso me gustó la palabra que Usetd me dijo: Vida...”
“Y ¿detrás de ellas Usted logra realmente espiar al mundo de las personas?”
“Vea, hija, yo he pasado toda mi vida intentando buscar un sentido...siempre me he dedicado a traducir algunos clásicos de la literatura antigüa...latinos, griegos, árabes, hasta la escritura rúnica...odiaba tanto a las charlas sinsentido de la humanidad...que al final decidí aislarme completamente, y refugiarme en los más antigüos, que nos hablan sin molestarnos con sus existencias...Y pensaba que al regresar a las raíces de la palabra iba a encontrar el manantial de todas las ideas, de todas las aspiraciones e ilusiones de los poetas y de los escritores...pensaba que en la raíz de la palabra iba a estar la fuente de la imaginación, el verdadero sentido de los sueños de la humanidad...Allí he perdido toda mi vida...empezando con la literatura latina...no contento, he regresado a los griegos...a los araméos...a los persas...y así atrás...hasta consumir la escritura, hasta llegar a la fabulación, al delirio de los albores humanos...Sin embargo, no estaba contento...en algunos momentos de exaltación me parecía como si estas lengüas no estaban ya muertas, sino que revivían bajo mis ojos...otros momentos, me parecía como si ni yo mismo tenía nada que decir...
Hasta que un día vi a un hombre que fijaba a un escaparate vacío...y entendí....
Entendí que la realidad es otra...que la vida se esconde donde nosotros pensamos que no haya nada, la vida siempre está más allá...entendí entonces
que las palabras son la vida...por eso le agradezco su palabra...Vida....La vida, la esencia, no está en lo más original, sino en lo originario...no en lo más antigüo sino en la corriente de la palabra que se vive...Decidí entonces mezclarme a la gente, de dejar esos viejos textos, que era yo a no saber hacer revivir...así como no sabía hacer vivir el sentido de la palabra en mí, al encerrarme en mí dimensión de ser humano vano...La palabra está en el mundo. Está en la escucha.”
“Pero cada uno debería ser capaz de escuchar...”
“Claro...esto es problema de los seres humanos, no del lenguaje....”
“...ya....siempre es el uso de las cosas el problema...”
“Verdad...Y al final, buenos o malos, todos somos esto: palabras...”